Por Ahora

No estoy con muchas ganas de ver contenido nuevo, quiero darme una panzada de cosas que ya sé que me gustan, encontrar el confort en mis lugares comunes.

Este fin de semana miré un par de temporadas de Veep, muy descrita como “la ventana hacia el infierno que es trabajar en mi oficina”, y volví a ver toda Por Ahora. Qué serie del carajo.

Siempre repetíamos la frase que dice la gran Valeria Lois en el episodio de la campaña publicitaria sobre productos de limpieza de inodoros: “Si esto no es el feminismo, yo no entiendo el feminismo”.

Estoy muy fan de Malena Pichot últimamente, no me pierdo un día de Furia Bebé y estoy leyendo su libro.

¿Te acordás de cuando mirábamos sus videos, hace más de una década, y llevábamos su foto o la de Robyn a la peluquería, la de que quedaba frente a la villa, para que me hicieran el corte taza? Siempre fue el corte locademierda antes de ser el de moderna.

Igual, pará, banquemos un poco. ¿Podemos registrar que yo era un adolescente que iba dos veces por semana al COIFFEUR para que lo peinaran? Y pese a todo elegías ser mi amiga. Quizás por eso.

Hace unos años, creo que tres, fuimos a ver Noche de fresas a la Siranush. Ya nos habíamos ido juntos de vacaciones a otro país, pero creo que esa fue una de las noches en las que me empecé a sentir un adulto. O al menos uno de esos que mostraban las series que mirábamos. Ir al teatro, con una amiga, a tomar tragos de precios estrafalarios y a mezclarnos con la gente de Palermo, antes de tomarnos el 24 para volver a Wilde.

En mi última sesión de terapia, porque siempre hablamos de vos, le conté a mi psicólogo que cuando te moriste lo primero que hice fue dudar de nuestra amistad. Fue instantáneo, sentí que si hubiera sido yo el muerto, no habría sido tan grave, que quizás yo no era para vos todo lo que vos fuiste para mí. Y esa misma noche, como por arte de magia, tu mamá me mandó fotos de tu cuarto, sin motivo, porque sí. Y en esas fotos estaba nuestra foto, la que más te gustaba, en la que decías que yo era tu Thom Yorke, junto con una foto carnet que me saqué cuando empecé el CBC.

Esta fecha siempre me trajo ansiedad, toda la vida. Primero, porque sentía que no tenía con quién compartirla. Después, porque no sabía a quién priorizar. Pero llegado un momento, siempre con vos. Como cuando te apareciste con Florencia con esa torta que decía “Feliz Día Q”, porque eramos los quarks, que siempre están de a tres, en medio de un festejito con gente a la que ya casi ni recuerdo.

Este año, la verdad, algo cambió. No sentí la obligación de escribirle a nadie, ni de pensar en regalos, ni de publicar cosas cursis. Nada más que un video de Amaral y una foto de las Cock Destroyers, para seguir fiel a mi marca.

Quizás será porque sé los afectos que tengo, porque me vienen acompañando desde que te fuiste vos y después te siguió mamá. O tal vez porque no voy a tener nada para agregarle a la caja que guardo en el placard, la que tiene cada una de tus tarjetas.

En fin, feliz día, Dai. Como siempre, te siento parte de cada fibra de mi ser. Y pese a eso, por eso, te extraño. Más que nunca.

 

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