Huesos

Anoche soñé con el Infierno. Bueno, con una representación del Infierno.

Era como ese lugar de esa novela de Mariana Enriquez, donde todo era hueso, pero esta vez teñido de rojo, como el mar de LCL.

Yo no era el protagonista de esta historia, sino que acompañaba en su día a día, a una mujer muy parecida a la Villanelle de Jodie Comer, cuya misión era que conseguir almas para el mismísimo Satanás.

Él era gigante, y dormía abrazado a alguien, enterrado en el frente de la casa de mis abuelos.

Su mayor castigo, me contaba la mujer mientras viajábamos infintas horas en trenes, teníamos sexo con “hombres” que se convertían en “mujeres” y nos asegurábamos de que jóvenes no regresaran a salvo a sus casas, era devolverlos a la vida con una misión destinada a fallar, con el miedo y la convicción de que, eventualmente, volverían a la tierra, al montón de huesos.

Y que eso se repetiría, una y otra vez, sin descanso. Volver a vivir sólo para sufrir, sabiendo que el tiempo escasea y que el desenlace es inevitable.

Polvo eres.

 

あたたかい

Estoy en medio de un ataque fuerte. Hace dos horas que lloro todas las angustias que llevo en la carne y que tienen nombre y apellido, pero esta vez me concentro en vos. Y te releo, y veo tus últimas fotos, y me las quedo, porque varias me faltan.

Cuando te moriste, le pedí a Matías que descargara todo tu feed de Instagram, para guardarme todo. Tengo la copia acá, por si algún día no existe más.
Es que tus viejos quieren recuperar tu celular y quieren saber si yo sé la clave. Creo que tenía la huella registrada, pero no va a suceder. Ni yo me atrevería a espiar qué hay adentro de eso.

En medio de todo esto, el celular me empieza a sonar con notificaciones de hombres que quieren hablar conmigo y me preguntan qué me gusta. ¿Para qué exponerse a esto, sobre todo en medio del aislamiento?

La verdad es que tuve que romper la cuarentena dos veces, antes de empezar a medicarme. Y digo tuve, porque fue una necesidad real – necesitaba dormir sintiendo el calor de alguien, un abrazo, un desayuno preparado a la mañana. Algo que fuera lo más parecido a un amante, un amigo o una madre, todo lo que no tengo.

Más mensajes. ¿Que qué estoy buscando? Ahora me vendría bien alguien que juegue con mi pelo mientras lloro con los ojos cerrados.

 

Frenos

Ayer volví a soñar con vos. Nunca estás muerta en mis sueños, siempre estás viva. No es que sueñe con el pasado, simplemente nunca tuviste el accidente. O si lo tuviste, no se habla de eso, lo ignoramos. El velorio, el nicho, el responso. Fingimos demencia y estás acá, íntegra, tratando de resolver algún problema.

Intuyo que todos los sueños que tuve esta semana son partes de un gran sueño, de una historia que necesito plasmar en un papel pero nunca tengo el tiempo de hacerlo antes de olvidarme de los detalles precisos.

En el sueño de ayer, estabas en el viejo lubricentro de mi papá y tenías que cambiar tu auto, que era color lavanda, porque tenía un problema con los frenos y la marcha atrás. Nunca tuviste auto ni fue tu intención, aunque siempre te gustaba salir con chicos que lo tuvieran, para que te llevaran a todos lados. Qué cosa eso de los heterosexuales y los autos, como si no existiera el transporte público. O será que los trolos somos capaces de viajar horas con tal de manosearnos un rato.

En fin, que casualidad, ¿no? Soñar que tenés que cambiar un auto que funciona mal, cuando, bueno, ya sabés. Un auto.

De alguna forma esta fantasía se enlaza con la de hace unos días, en la que tu papá nos llevaba a una fiesta en su camioneta. Era una Eyeliner, un revival de la Eyeliner, que también tenía adentro a la Ambar, que también tenía adentro a la Fuck Le Fashion. Y pasaban todas las cosas que nos pasaron siempre – problemas para entrar, filas interminables para ir al baño, filas interminables para el guardarropas, filas interminables para la barra libre.

Sin embargo, la pista de baile con la música que me gustaba estaba vacía. Pero como nos íbamos moviendo, porque hay que ser gentiles y solidarios y escuchar un ratito de lo mío y un ratito de lo tuyo, en los pasillos nos cruzábamos con todos los chicos que alguna vez nos gustaron. Con ellos y con sus nuevos amores, y era todo muy incómodo, y nosotros sólo queríamos emborracharnos y bailar. Bailar incluso Robyn, que la teníamos prohibida en mi casa pero desde hace tiempo que no la puedo parar de escuchar. Por es verdad, es buena, y hay que exorcizar las cosas.

No puedo escuchar canciones de Keane sin largame a llorar, aunque tengo una playlist con todos nuestros temas que se llama “Bola de cristal”. En realidad en un emoji el título, pero se entiende lo que quiere decir.

¿Volveremos a esa fiesta hoy cuando me vaya a dormir? Ojalá que sí, y que esta vez podamos bailar, vos y yo, solos, sin cruzarnos con nadie.

Y sin subirnos a ningún coche.

Ni tuyo, ni mío, ni de tu ex, ni de nuestros papás, ni de nadie.

Después podemos tomarnos un colectivo, o caminar cuarenta cuadras hasta que se nos pase un poco el subidón, como hacíamos antes.

Cualquier cosa menos el coche.