Huesos

Anoche soñé con el Infierno. Bueno, con una representación del Infierno.

Era como ese lugar de esa novela de Mariana Enriquez, donde todo era hueso, pero esta vez teñido de rojo, como el mar de LCL.

Yo no era el protagonista de esta historia, sino que acompañaba en su día a día, a una mujer muy parecida a la Villanelle de Jodie Comer, cuya misión era que conseguir almas para el mismísimo Satanás.

Él era gigante, y dormía abrazado a alguien, enterrado en el frente de la casa de mis abuelos.

Su mayor castigo, me contaba la mujer mientras viajábamos infintas horas en trenes, teníamos sexo con “hombres” que se convertían en “mujeres” y nos asegurábamos de que jóvenes no regresaran a salvo a sus casas, era devolverlos a la vida con una misión destinada a fallar, con el miedo y la convicción de que, eventualmente, volverían a la tierra, al montón de huesos.

Y que eso se repetiría, una y otra vez, sin descanso. Volver a vivir sólo para sufrir, sabiendo que el tiempo escasea y que el desenlace es inevitable.

Polvo eres.

 

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