Frenos

Ayer volví a soñar con vos. Nunca estás muerta en mis sueños, siempre estás viva. No es que sueñe con el pasado, simplemente nunca tuviste el accidente. O si lo tuviste, no se habla de eso, lo ignoramos. El velorio, el nicho, el responso. Fingimos demencia y estás acá, íntegra, tratando de resolver algún problema.

Intuyo que todos los sueños que tuve esta semana son partes de un gran sueño, de una historia que necesito plasmar en un papel pero nunca tengo el tiempo de hacerlo antes de olvidarme de los detalles precisos.

En el sueño de ayer, estabas en el viejo lubricentro de mi papá y tenías que cambiar tu auto, que era color lavanda, porque tenía un problema con los frenos y la marcha atrás. Nunca tuviste auto ni fue tu intención, aunque siempre te gustaba salir con chicos que lo tuvieran, para que te llevaran a todos lados. Qué cosa eso de los heterosexuales y los autos, como si no existiera el transporte público. O será que los trolos somos capaces de viajar horas con tal de manosearnos un rato.

En fin, que casualidad, ¿no? Soñar que tenés que cambiar un auto que funciona mal, cuando, bueno, ya sabés. Un auto.

De alguna forma esta fantasía se enlaza con la de hace unos días, en la que tu papá nos llevaba a una fiesta en su camioneta. Era una Eyeliner, un revival de la Eyeliner, que también tenía adentro a la Ambar, que también tenía adentro a la Fuck Le Fashion. Y pasaban todas las cosas que nos pasaron siempre – problemas para entrar, filas interminables para ir al baño, filas interminables para el guardarropas, filas interminables para la barra libre.

Sin embargo, la pista de baile con la música que me gustaba estaba vacía. Pero como nos íbamos moviendo, porque hay que ser gentiles y solidarios y escuchar un ratito de lo mío y un ratito de lo tuyo, en los pasillos nos cruzábamos con todos los chicos que alguna vez nos gustaron. Con ellos y con sus nuevos amores, y era todo muy incómodo, y nosotros sólo queríamos emborracharnos y bailar. Bailar incluso Robyn, que la teníamos prohibida en mi casa pero desde hace tiempo que no la puedo parar de escuchar. Por es verdad, es buena, y hay que exorcizar las cosas.

No puedo escuchar canciones de Keane sin largame a llorar, aunque tengo una playlist con todos nuestros temas que se llama “Bola de cristal”. En realidad en un emoji el título, pero se entiende lo que quiere decir.

¿Volveremos a esa fiesta hoy cuando me vaya a dormir? Ojalá que sí, y que esta vez podamos bailar, vos y yo, solos, sin cruzarnos con nadie.

Y sin subirnos a ningún coche.

Ni tuyo, ni mío, ni de tu ex, ni de nuestros papás, ni de nadie.

Después podemos tomarnos un colectivo, o caminar cuarenta cuadras hasta que se nos pase un poco el subidón, como hacíamos antes.

Cualquier cosa menos el coche.

 

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