Aproximaciones a la Muerte #6

Ni bien empezó la cuarentena, quizás un poco antes, pues tengo todos los días y meses mezclados a esta altura, aproveché un poco de tiempo de ocio para bajar a la Switch la versión remasterizada del que probablemente sea mi juego favorito, el Final Fantasy VIII. Bueno, si tengo que ser sincero, probablemente sea el Final Fantasy XII, pero no es ese el punto. De nuevo me voy por la tangente.

La cuestión es que es un juego que prácticamente conozco de memoria, pero hubo una escena que me generó bastante displacer*. Ocurre cuando el el grupo empieza a hablar de la captura de Seifer, el chico malo del Balamb Garde, después de que fracasara en su intento por asesinar al Presidente de Galbadia. Todos reunidos en una sala del Galbadia Garden, charlan sobre su captura, su probable ejecución y los recuerdos que tenían con él.

En ese momento, nuestro protagonista, Squall, empieza un monólogo interno sobre lo que está presenciando. Dice, transcripto del juego:

Squall: (I liked him... wasn't really a bad guy... He was one of us...
        Seifer... You've become just a memory. Will they... Will they talk
        about me this way if I die, too? Squall was this and that. Using past
        tense, saying whatever they want? So this is what death is all about...
        ...Not for me. I won't have it!!!)

Creo que eso sintetiza una parte importante de lo que me pasa con vos. El morbo que me genera pensar qué es lo que va a quedar de mí en el mundo, en los demás. Si bien es verdad que todos somos buenos una vez que estamos en el cajón, también florece un poco la porquería y la gente aprovecha para sacarse cosas de encima, sacar los trapitos al sol, echar en la cara del cuerpo tibio lo que no pudieron decir en vida.

Al mismo tiempo, esa postura infantil, insostenible a lo largo del tiempo, y completamente irracional y negadora de pensar que no me va a pasar, que me niego a que ocurra, que no vas a llegar a tocarme. Cuando, como dice el dicho popular, nadie se salva de vos.

A veces cuando estoy cocinando, o lavando los platos, empiezo a pensar en todas las versiones de mí que viven todavía en la gente que ya no comparte la vida conmigo. ¿Qué impresión habré dejado en ellos? ¿Se preguntarán por mí? ¿Seré un recuerdo simpático o simplemente un ridículo del que se acuerdan cada tanto? ¿Se acordarán cada tanto?

Será que soy un adicto a la nostalgia y vivo arrastrando una carreta llena de fantasmas, de todo tiempo.

Y me refiero a uno de cada palo, de verdad. Por ejemplo, pienso seguido en Florencia P., una amiga del primario que se fue del colegio en séptimo grado y que una vez, a la salida del colegio, me empezó a llamar por un apodo que usaban a veces, Nanyo, y todos se empezaron a reír de los dos. La tuve que ignorar y, digamos todo, no sostuvimos un vínculo. Mejor, porque se hizo evangelista o la familia era evangelista o estaba metida en alguno de esos mambos y ya bastante tuve en mi vida.

Hoy cometí el error de entrar a Facebook, donde en los contactos más frecuentes siguen apareciendo Mamá y Daiana. Me tenté y revisé nuestras conversaciones, me metí en sus perfiles, vi lo que fueron dejando.

A mamá le escriben el muro todavía. La última publicación es de hace unos días, la escribió la hija de un ex que todavía le sigue actualizando el perfil al padre muerto. Quizás siga escribiéndole a mamá de vez en cuando, cada uno con lo suyo.

Debería cerrar el muro, o ponerlo en modo tributo, pero no tengo ganas de entrar. No quiero violar la privacidad de un muerto.

¿Esto va a ser parte de la huella que voy a dejar cuando me muera? Van a pensar que era una persona muy deprimente, sí, de seguro que sí.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *