Aproximaciones a la Muerte #5

¿Me estabas viendo? Recién, mientras hacía los ejercicios de todas la noches. Cuando me quedo parado a oscuras en medio del comedor y empiezo a darle riendo suelta a mi rumia – que me voy a morir, que no voy a poder hacer nada al respecto, que no hay nada después de la muerte, que estamos todos en un laberinto sin salida.

¿Fuiste viendo cómo iban apareciendo los síntomas, cómo empezaba a dar vueltas, a tirarme del pelo, a hiperventilar? Últimamente siempre termino igual, en el piso llorando, tratando de gritar pero sin que salga ningún ruido salvo esa ronquera ahogada.

Creo que entiendo la lógica de tener que provocarme esto todas las noches, de hacerle entender al cuerpo que estas reacciones fisiológicas son provocadas por “la mente”, pero supongo que en realidad funciona como un mecanismo en el que simplemente atraso los ataques hasta las 9 de la noche. Según mi psicólogo eso también significa que la terapia está funcionando, pero no lo sé, siento que es un fracaso.

No estuve escribiendo estos últimos días. Me tomé nuestra hora para pensar un rato largo y después evitarte. Estuve soñando mucho con los muertos, pero no sé si siguen siendo las pastillas o si fue que tomé alcohol. Un día entero me olvidé de toda la medicación – estoy con los horarios cambiados y con mucho estrés laboral. Una pésima combinación para el tratamiento.

En fin, que me voy del eje de este espacio y en realidad tendría que estar hablándote de vos misma, con vos de vos. “De vos conmigo”, la canción de Coiffeur que cantábamos mucho con Daiana.

Bueno, vuelvo. En realidad, no. Quiero escribir hoy del Joaquín a tu Lucía Galán – del paso del Tiempo. Qué miedo, creo que me da más miedo que vos. Porque si bien nada impide que mañana en la esquina me pise un 41, o un 59, o un 152, o cualquier otro colectivo, el paso del tiempo es prueba inequívoca de que estamos más cerca de terminar nuestro paso por esta experiencia efímera llamada vida.

No puedo sacarme la sensación de que es un carrete de hilo que se está terminando. Y lo peor de todo es que siempre viví esperando que llegara lo mejor, lo distinto, lo bueno. ¿Y si esto es todo lo que va a ser? Lo que voy a ser.

Haga lo haga, siempre me voy a arrepentir. Un poco de profecía autocumplida, la neurosis. El goce que yace en el no decidir, el masoquismo.

Temo haber desperdiciado mi adolescencia, mi juventud, mi adultez temprana. Y al mismo tiempo volvería a tomar todas las mismas decisiones.

¿Son estos mis mayores logros? ¿Haber cruzado el riachuelo y alquilado un departamento en una zona careta de la Ciudad? ¿Aprovechar 8 años de trabajo inestable pero no tener las credenciales necesarias para valerme por mí mismo cuando todo termine?

Por la noche no me deja dormir pensar en que voy a crecer y tener que volver al barrio, a la casa de Mamá. No quiero eso, ya sufro el 2023.

También me atemoriza la vejez gay. O mejor dicho, perder la juventud, uno de los pocos atributos que se valoran en esta sociedad, y más en ese segmento. No quiero dejar de salir, siento que no viví la adolescencia despreocupada y rebelde que me vendían en todas las teleseries. Creo que todavía no maduro.

No me gusta esto que estoy escribiendo, lo siento poco genuino, mal expresado. Es una mísera aproximación a este tema que me aqueja.

Tengo que alejarme un poco, pensar en frío, y volver con la mente despejada. Excusas que me pongo para cortar esta conversación.

 

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