Ritual

De noche y con dos cartas, en una Iglesia dilapidada, invocabas siete demonios menores. No era posible, me explicabas con tranquilidad, invocarlo a Él, al Diablo con mayúsculas, así que podía relajarme.

No entendía qué pasaba, ni por qué lo hacías, pero uno a uno iban apareciendo, con un halo de luz verde detrás. Recuerdo cada uno de sus nombres, pero no me animo a repetirlos.

Querían tomarme, pero te interpuse entre ellos y yo, y me desperté. Había ocurrido dentro de un sueño, a través del sueño, pero ocurrido al fin.

Estaba en el comedor de la casa de mamá, y ella me miraba, asustada y seria, mientras le contaba sobre la invocación, sobre los siete demonios menores cuyos nombres no podía repetir pero si me obligaba, podía susurrárselos al oído. No sé si parecía creerme, pero yo no cabía en en mí.

Iba a volver a suceder, esto ya había pasado antes. El sueño, el ritual, la desaparición de una chica al día siguiente. Primero había sido tu amiga, y ahora le tocaba a la nuestra.

Tenía que llamarla, advertirle sobre el peligro. Darle las instrucciones precisas, que ni yo recordaba, para evitar que sufriera el mismo destino: la ausencia.

No lo logré, me desperté antes.

Y ya no están – ni mi mamá, ni nuestra amiga. Quedamos nosotros, lejos y encerrados, acompañados sólo por la desesperación.

 

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