‘Évian’ is ‘naive’ spelled backwards.

Dentro de la rutina que trato de llevar durante esta cuarentena, tratando de inventarme las estructuras que me arrancaron y sin las que no puedo funcionar, pensar en vos irrumpe en los momentos más inoportunos. Como cuando paso las historias de Instagram de gente que vive haciendo videollamadas con sus amigos, o cuando leo un tweet de alguien describiendo su vida en aislamiento.

Te imagino en tu casa, con tus papás, sin poder salir porque él jamás dejaría que te expusieras. Y tampoco a tu mamá, no le haría bien a sus problemas respiratorios. Y creo que tampoco harías homeoffice, porque no podrías usar ni el sistema viejo ni el nuevo de tu oficina, aunque quizás se inventarían algo con las cámaras del celular. ¿Te obligarían a ir? Supongo que habrías renunciado.

Cuando prendo la televisión y abro Netflix, me pregunto cuántas series ya habrías terminado. Tus maratones eran envidiables, siempre encontrabas el tiempo para hacerlo, sobre todo desde que te quedaste sola. ¿Seguirías sola o habrías vuelto con el imbécil de tu ex? Quiero creer que no, pero la carne es débil y el corazón, más.

Hablaríamos mucho, como mínimo nos comentaríamos las historias. ¿En esta línea temporal mamá también se habría muerto? No puedo evitar pensar cómo sería mi duelo sin haber empezado el duelo por vos, o cómo me habrías ayudado.

A veces también me imagino pasando el aislamiento juntos, poco probable, pero por qué no dejar volar la imaginación. Lo veo más como nuestras primeras vacaciones completamente solos, en Mar del Plata, en las que me quedé pelado por decolorarme tanto las raíces hasta llegar a blanco y donde sólo nos peleamos una noche porque quería ir al Bingo y vos no. No sería como las de Santiago de Chile, porque no podríamos salir a emborracharnos y a pelearnos con esa gente tan maleducada y los colas tan insoportables. Y tampoco como las de Nueva York, porque esa nunca llegamos a vivirla.

Esta semana hablé varias veces de Reality Bites, una de nuestras películas. ¿Te acordás cómo siempre que podíamos imitábamos la escena en la que Lelaina y Vickie bailan “My Sharona” en la estación de servicio? Mamá siempre decía que teníamos nuestro propio idioma, y que con cualquier cosa podíamos olvidarnos un poco de la tristeza, como haciéndonos un mate cocido a la madrugada y bailando como idiotas.
Tenías el poder, que no tiene casi nadie en el planeta, de hacerme sentir menos solo.

Vuelvo a pensar en esas películas que no parábamos de mirar. Ghost World, Reality Bites, siempre haciendo el duelo de la juventud a la adultez. Siempre tratando de lidiar con la falta.

En estos días se me hace muy difícil creer en un Dios o en el Universo o en lo que sea, siempre pensé que si te ibas antes que yo harías todo lo posible por darme a entender que seguías existiendo en alguna forma, en algún plano. Que harías honor a tu mote de médiumvidente y que, sin necesitar de la ayuda de Kim Russo, me lo harías saber.

Todavía no pasó, pero yo te sigo escribiendo igual. Porque al vacío, y a esa falta que siempre tratamos de paliar juntos, hay que llenarla de alguna manera.

 

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