Lo único que podía hacer la gente era mirar el Sol y la Luna y tratar de medir el tiempo.

Un blister de ansiolíticos. Dos cajas de pastillas para dormir, tres de té de tilo, otras tres de forros. Un pomo de lubricante, tres de Ultra Bengué. Una botella de shampoo, diez de vino, otra de paracetamol. Dos aerosoles de desodorante, dos de shampoo seco.

Ahora mido el tiempo en cosas que se terminan.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *