Los fantasmas no saben de límites.

Hace unos días volví a seguir en Instagram a dos ilustradores que me gustaban mucho. Hablan mucho sobre salud mental y todos los mambos que tienen, que son bastante parecidos a los míos.

Ellos fueron pareja hasta el año pasado, no sabía que habían cortado. Encontré bastante terapéutico leer las viñetas en las que volcaron lo que sintieron los meses posteriores a su separación.

Me encantaría tener la habilidad de comunicar en cuatro frases todo lo que me está pasando, poder vomitarlo y que eso me ayude un poco.

Tomé la decisión de enfrentarme a lo que tenía escondido debajo de la cama y pude empezar a darle forma, ponerlo en palabras. Le di un destinatario, hasta obtuve una respuesta.

Por primera vez en mucho tiempo, pasé horas y horas llorando. Creo que me siento mejor, hice un poco de espacio en mi cabeza.

 

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