Era necesaria la comunicación y la convivencia desde el surgimiento de comunidades en los grupos más primitivos de seres humanos.

Me encantaría poder tener un espejo en la puerta que me deje ver si hay alguien detrás mío cuando estoy metiendo la llave en la cerradura.

No sé cómo se llama el señor del 4D, pero sé que es muy probable que aparezca. Como siempre, en shorts y con una camisa desabrochada.

La primera vez que lo vi, saludé haciendo un gesto con la cabeza y seguí caminando hasta el ascensor. Entró a su casa y se me quedó mirando con la puerta entreabierta, asomando los ojos.
A propósito, me quedé con la puerta del ascensor abierta, esperando a ver si cerraba. Como si fuera un juego de quien parpadea primero pierde, siguió ahí, mirándome.

Cada vez que me lo cruzo se queda en la entrada de su departamento, con la puerta entreabierta, pispeando qué es lo que hago.

Cuando la paranoia gana, me convenzo de que esta dinámica tiene algo que ver con que no hayan durado más de dos años los inquilinos anteriores. No tengo pruebas, pero tampoco dudas, de que hay algo relacionado con brujería dando vueltas y ya busqué en Google dónde comprar sal negra y demás yuyos para proteger el hogar. Hasta el momento, me valgo con un monedero con forma de Moogle y un peluche de Chocobo que cuelgan del picaporte, mis guardianes incondicionales.

También lo vi muchas veces moviendo basura. Bolsas y bolsas de basura, que saca de a poco, y siempre dejando abierta la puerta del cuartito donde están los tachos. La luz queda prendida y a mí me pone malita, así que paso y la cierro, sólo para volver y encontrarla abierta de nuevo.

Parece algo habitual en él, entrar y salir de su casa para tirar cosas, dejando todas las puertas abiertas. Le debe molestar tener que abrir y cerrar, y volver a abrir, y volver a cerrar. Quizás en general le molestan los cierres, como cuando yo engancho las remeras y las agujereo.

Cuando paso y tiene la puerta cerrada, escucho voces y me pregunto con quién vivirá. Quizás solo. Me imagino una situación a lo Norman Bates, rodeado de pilones de diarios y botellas vacías, con la televisión de fondo, hablándole del programa de Tinelli a un maniquí que, definitivamente, tiene una manta tejida a crochet encima. En realidad, no sabría decirles, nunca vi Psicosis.

Al resto de mi piso no lo conozco mucho, salvo a unos ancianos que salen los domingos muy perfumados y con una biblia debajo del brazo.

Deben de espantarse cuando me ven. ¿Qué pensará la gente cuando me ve?

El otro día me preguntaron si era diseñador, específicamente de indumentaria. ¡A mí, que siempre digo que no tengo un huevo creativo en el cuerpo!

Me lo preguntaron por el truque, iba todo de negro reglamentario con un pin de Reptar en un buzo. Ese mismo día me dijeron que esas cosas las hago porque tengo la Luna en Acuario. Tampoco sabría qué decir, porque del horóscopo o del zodíaco sólo sé que ahora tengo que revisar cuál es la diferencia entre esos términos porque la duda no me va a dejar dormir.

¿Qué pensará el señor del 4D de mí? ¿Se habrá preguntado alguna vez de qué trabajo o qué hago en mi tiempo libre? ¿Será por eso que se queda mirando? Quizás jugó una apuesta con el maniquí y no la quiere perder.

La próxima vez que lo vea, le voy a preguntar su nombre. Nombrar las cosas las ordena un poco.

 

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