Escribir un diario tiene sorprendentes beneficios: controlar la ansiedad, aumentar la inteligencia y hasta cambiar la morfología del cerebro.

Hace tiempo que dejé de escribir todos los días porque no tengo ganas del cara a cara con lo que me pasa.

Leí todos esos artículos de autoayuda sobre lo curativo que es el journaling, pero para mí sería perpetuar esa narrativa lastimosa de la que estoy empezando a salir.

Yo también traté de usar los borradores del mail, pero la fantasía del destinatario lo volvió complicado. Las cartas a todas las personas que ya no tengo las escribo todos los días en mi cabeza, no necesito bajarlas.

Quiero terminar algo que empecé sobre un vecino que me pone muy nervioso, pero no se me ocurre cómo cerrarlo.

Es que me estoy emocionando bastante con cosas como canciones de Chano o Natalie Pérez, no esperaría mucho de mí.

 

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