Concorde

Hola, ¿cómo estás? Hace mucho que no hablamos. Para ser sincero, no me acuerdo cuándo fue la última vez que lo hicimos. ¿Yo ya trabajaba? Creo que no. ¿De verdad pasaron tantos años? Últimamente todo se me junta y no tengo nada que separe las cosas.

Lo que sí recuerdo es la última vez que nos vimos. O al menos la que yo creo que fue la última vez. Fue un almuerzo en casa, ¿no? De repente tuviste ganas de venir. Comimos y vimos la tele, llenos de silencios incómodos. Quedamos en hacerlo de nuevo, algo que jamás pasó.

Te escribo porque hace bastante que te tengo en mente. Y porque ayer te soñé. No fue como tantos de mis sueños, en los que te vomito todo mi enojo, lo mucho que me lastimaste y lo tanto que a veces te necesito. No, este fue distinto.

Vos venías a mi casa a contarle a todo el mundo, por que sí, estaban todos, que estabas esperando un bebé, y le decías a Daiana que iba a ser tía. A mí no me mirabas, estabas encantadora con todo el mundo, pero yo sólo te pedía que te fueras.

Tenía ganas de hacer la gran Doctor Foster y cagarte el anuncio, recordarles quién eras, lo que hiciste. No sólo a mí, a varios de nosotros. Pero la pena y la culpa eran más grandes, sólo quería que te alejaras.

Creo que mi cabeza sigue procesando todo lo que nos enteramos y por lo que pasaste. Estoy más que seguro que tuviste gente apoyándote, siempre fuiste capaz de encontrar la manera. Pero me es imposible no pensar en si en algún momento pensaste en mí. ¿Me habrás necesitado en ese momento difícil? Probablemente no, pero el ego es grande y frágil y pienso que tal vez sí.

Pienso en si te hubiese pasado lo mismo cuando todavía nos queríamos y me da una angustia terrible. Lo pienso ahora, años sin verte, y también me angustio. Porque pese a todo lo que pudo haber pasado o no entre nosotros, algunas cosas buenas todavía quedan.

Lo que más me dolió de haber desaparecido de tu vida no fue el no tenerte más, porque eso lo fuimos gestando con los años. Fuimos flotando en direcciones opuestas y ninguno de los dos hizo demasiado esfuerzo por mantenerse cerca del otro.

No, lo que más me molestó fue enterarme que lloraste frente a amigos en común por no entender por qué habíamos tomado esta decisión, cuando podrías haberme llamado.

Si nos llamábamos para todo, ¿te acordás? A veces cuando no me puedo dormir me acuerdo de todas las noches que te mandaba un mensaje, agarraba la percha con la camisa y el pantalón del colegio y me iba para tu casa. Nos podíamos pasar toda la noche viendo videos de Mad TV o practicando una coreografía de las Pussycat Dolls, todo para no estar solos.

Hoy me dijeron que quizás debería haberte dicho por qué tomé la decisión de no quererte más, que te lo merecías. Si me lo hubieses preguntado, te lo hubiera dicho, pero jamás podría salir de mí. ¿Para qué si ya era demasiado tarde? Cuando ya está todo perdido, necesito cortar de raíz con las cosas. Hubiera sido mucho peor para mí verte expuesta como si fueses cualquier otro contacto de las tantas redes que hay ahora. Siempre digo lo mismo, el ser humano no está preparado para el bagaje emocional que representan las redes sociales. O al menos no yo.

En fin, que me voy por las ramas. Te escribía porque te soñé. Y aunque yo era el que sufría, vos te veías plena. Y me gusta imaginarte así. No me gusta verte destrozada, porque, como dice la canción, alguna vez creí ser tu hermana.

 

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