too little, too late

¿Cómo medir el éxito? ¿Dinero, logros, vivencias? ¿Un sentimiento de satisfacción con la vida actual, con lo vivido, con la diferencia entre punto a (ahora) y punto b (n años)?

Siento que mi identidad y mi marco de referencia se empezaron a solidificar hace cinco años, y no mucho cambió desde entonces. Tal vez sea porque fueron mis primeros pasos en los marcos teóricos que me interesan (¿interesaron?) tanto. O en esa especie de militancia virtual. O las primeras veces que empecé a moverme en los círculos que me interesan, esos centros culturales de putos, ciertos bares con happy hour en tragos de colores. De cualquier manera, el 2013 parece ayer en mi cabeza y el tiempo pasó demasiado rápido. Pasó demasiado rápido para no haber logrado nada. Logrado en términos convencionales, éxitos de manual.

Al menos conseguí un trabajo relativamente bueno y estresante, de esos que te dejan culo para arriba a los 50. Guardarropa lleno, todos los gadgets que se me pudieran haber cruzado por la cabeza, incluso esa tableta digitalizadora que quería cuando a los doce años jugaba en el photoshop y hablaba en foros con señoras 30 años mayores que yo a quienes también les gustaban las sagas de hechiceros. Me quedé sin espacio para mis libros, pude comprar esas ediciones españolas que venden en la Librería de Mujeres y que antes sólo podía mirar con cariño cada vez que iba a revisar por horas las estanterías. Incluso salí un par de veces del país. ¡Pude ver a mis hermosas chinas! Y en breve voy a cumplir uno de mis sueños más grandes.

Pero me siento culpable con cada decisión que tomo, cosa que hago y paso que doy. No puedo evitar pensar que quizás debería haber tomado otro camino, con la satisfacción esperándome a largo plazo. Pienso que hay algunas áreas de mi persona que ya no tengo tiempo para cultivar, y aunque fueron mis decisiones, me molesta.

Sigo sin terminar una carrera que no me entusiasma y que no sé si volvería a elegir. Sigo sin independizarme, por varios motivos. Todavía no estoy seguro de qué es lo que me apasiona pero, si es lo que a veces pienso cuando me animo a decirlo en voz alta, estoy casi seguro de que jamás voy a poder vivir de eso.

Soy joven para la gran mayoría de las cosas, pero viejo para todas aquellas relacionadas con “tenés que decidir en este momento qué es lo que vas a hacer por el resto de tu vida si no querés la mediocridad absoluta”.

¿”Pan para ahora, hambre para mañana”? Me parece que la pifié.

 

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *