starring role

¿Alguna vez pensaron en el rol secundario que podemos ocupar en la vida de los demás?

Y no estoy hablando de esos compañeros de facultad que vemos una vez por semana, o la barista de Starbucks que te sonríen cuando entrás y se acuerdan de tu orden, ni de el colectivero que te dice “De nada” cuando le agradecés por el boleto. Esos son extras, no cuentan.

Hablo de aquellas personas que pensamos que son las más cercanas a nosotros. Esas que si tuvieran que dibujar algún esquema, mapa de amistades, matriz de relaciones, diagrama de la pindonga, estarían bien cerca de ustedes.

Hasta que levantamos la cabeza y nos damos cuenta de que uno ya no es prioridad o, más bien, nunca lo fue. Y eso no está mal, porque uno no es ni puede esperar ser el protagonista de todas las historias de todas las personas que lo rodean.

Pero en la mayoría de ellas somos parte del espectáculo hasta que llega el verdadero co-protagonista, pudiendo volver sólo cuando éste no está, o cuando se va para siempre. Y, sin duda alguna, hasta que llega el siguiente.

 

Bate-papo

Lo único que puedo escuchar, mientras seguís ahogándome en ese intento de poder sentir aunque sea algo de placer, es cómo mascás el chicle con la boca abierta.
También se filtran algunas frases en ese idioma del que siempre desconfié, tan cercano a Nosotros como ajeno lo siento yo.
Las transparencias del lenguaje no funcionan conmigo, sólo evocan en mí antiguas palabras prohibidas, con sus ceremonias secretas y sus pactos con deidades a las que es mejor evitar.
Suenan obscenas y tienen un color percudido, sucio y gastado por un roce constante. Pretenden recordarme una complicidad que nunca existió y que me enferma de tan sólo imaginármela.

No estoy tan equivocado con el portugués, siempre me deja un mal sabor de boca.