Miedo

– Miedo a morirme.
– Miedo al segundo exacto entre el ser y no ser.
– Miedo a que no haya nada después de la muerte.
– Miedo a que no exista ningún Dios.
– Miedo a que exista Dios.
– Miedo a las superbacterias.
– Miedo al cáncer y los aneurismas.
– Miedo a las enfermedades degenerativas.
– Miedo a la ceguera.
– Miedo a la sordera.
– Miedo a la sordoceguera.
– Miedo a la ELA.
– Miedo a ahogarme.
– Miedo a que se mueran mis papás.
– Miedo a que se muera mi mamá.
– Miedo a que mi mamá no haya sido feliz.
– Miedo a que mi mamá sufra.
– Miedo a no haber aprovechado lo suficiente a mi mamá.
– Miedo a que se muera mi perro.
– Miedo a terminar siendo como mis viejos.
– Miedo a las catástrofes naturales.
– Miedo a los asteroides, meteoritos, cuerpos celestes en general.
– Miedo al espacio.
– Miedo al choque de planetas.
– Miedo a la invasión extraterrestre.
– Miedo a no tener amigos.
– Miedo a que mis amigos se mueran.
– Miedo a envejecer solo.
– Miedo a envejecer.
– Miedo a ser (más) feo.
– Miedo a que me roben.
– Miedo a que me maten.
– Miedo a que entren a robar a mi casa.
– Miedo a que le pase algo a alguno de los bebés de mi familia.
– Miedo a que se muera mi tía.
– Miedo a que nadie me ayude si me pasa algo.
– Miedo a no tener trabajo.
– Miedo a quedarme sin trabajo.
– Miedo a no poder conseguir trabajo.
– MIedo a no terminar nunca la carrera.
– Miedo a que mis amigos me dejen solo.
– Miedo a que mis amigos en realidad no me quieran.
– Miedo a que mis padres en realidad no me quieran.
– Miedo a no poder encontrar el amor.
– Miedo a que nunca me guste alguien de verdad.
– Miedo a no gustarle nunca a nadie de verdad.
– Miedo a olvidarme de mandar un mail.
– Miedo de llenar mal un formulario.
– Miedo de firmar algo que está mal hecho.
– Miedo a las auditorías.
– Miedo a las auditorías externas.
– Miedo a no adjuntar el archivo.
– Miedo a adjuntar el archivo equivocado.
– Miedo a mandar el mail a una dirección incorrecta.
– Miedo de mandar información sensible a gente que no corresponde.
– Miedo de calcular mal un porcentaje.
– Miedo de poner información incorrecta en una presentación.
– Miedo a llegar tarde a una reunión.
– Miedo a que me suene el celular y no escucharlo.
– Miedo a no contestar un whatsapp.
– Miedo a que no me contesten el whatsapp.
– Miedo a que se enojen conmigo.
– Miedo a decepcionar a mi jefa.
– Miedo a que hablen (de nuevo) a mis espaldas.
– Miedo a que se burlen de mí por ser puto.
– Miedo a que me miren mal por la calle.
– Miedo a estar mal vestido.
– Miedo a estar mal peinado.
– Miedo a ser ridículo.
– Miedo a estar más gordo.
– Miedo al resumen de la tarjeta.
– Miedo a que no me depositen el sueldo.
– Miedo a liquidar mal los sueldos.
– Miedo a transpirar la ropa.
– Miedo a los insectos.
– Miedo a las enfermedades infectocontagiosas.
– Miedo a que los antibióticos dejen de funcionar.
– Miedo a las operaciones.
– Miedo a la anestesia.
– Miedo a los gérmenes.
– Miedo al VIH.
– Miedo a que se estrelle el avión.
– Miedo a no pasar por migraciones.
– Miedo a que me metan droga en la valija.
– Miedo a ir en cana.
– Miedo a que me violen en cana.
– Miedo a que me maten en cana.
– Miedo a que les pase algo a mis amigos.
– Miedo a que se termine todo.
– Miedo a que no pasen los colectivos.
– Miedo a que la gente que está caminando por la calle esté hablando de mí.
– Miedo a que el cajero se chupe la tarjeta.
– Miedo a justo quedarme sin saldo en la SUBE.
– Miedo a hablar mal en público.
– Miedo a pedir mal la orden en un restaurante.
– Miedo a haberme equivocado de profesión.
– Miedo a no llegar a ser nadie.
– Miedo a lastimar a alguien que quiero.
– Miedo a los atentados.
– Miedo a que esto sea todo.

 

too little, too late

¿Cómo medir el éxito? ¿Dinero, logros, vivencias? ¿Un sentimiento de satisfacción con la vida actual, con lo vivido, con la diferencia entre punto a (ahora) y punto b (n años)?

Siento que mi identidad y mi marco de referencia se empezaron a solidificar hace cinco años, y no mucho cambió desde entonces. Tal vez sea porque fueron mis primeros pasos en los marcos teóricos que me interesan (¿interesaron?) tanto. O en esa especie de militancia virtual. O las primeras veces que empecé a moverme en los círculos que me interesan, esos centros culturales de putos, ciertos bares con happy hour en tragos de colores. De cualquier manera, el 2013 parece ayer en mi cabeza y el tiempo pasó demasiado rápido. Pasó demasiado rápido para no haber logrado nada. Logrado en términos convencionales, éxitos de manual.

Al menos conseguí un trabajo relativamente bueno y estresante, de esos que te dejan culo para arriba a los 50. Guardarropa lleno, todos los gadgets que se me pudieran haber cruzado por la cabeza, incluso esa tableta digitalizadora que quería cuando a los doce años jugaba en el photoshop y hablaba en foros con señoras 30 años mayores que yo a quienes también les gustaban las sagas de hechiceros. Me quedé sin espacio para mis libros, pude comprar esas ediciones españolas que venden en la Librería de Mujeres y que antes sólo podía mirar con cariño cada vez que iba a revisar por horas las estanterías. Incluso salí un par de veces del país. ¡Pude ver a mis hermosas chinas! Y en breve voy a cumplir uno de mis sueños más grandes.

Pero me siento culpable con cada decisión que tomo, cosa que hago y paso que doy. No puedo evitar pensar que quizás debería haber tomado otro camino, con la satisfacción esperándome a largo plazo. Pienso que hay algunas áreas de mi persona que ya no tengo tiempo para cultivar, y aunque fueron mis decisiones, me molesta.

Sigo sin terminar una carrera que no me entusiasma y que no sé si volvería a elegir. Sigo sin independizarme, por varios motivos. Todavía no estoy seguro de qué es lo que me apasiona pero, si es lo que a veces pienso cuando me animo a decirlo en voz alta, estoy casi seguro de que jamás voy a poder vivir de eso.

Soy joven para la gran mayoría de las cosas, pero viejo para todas aquellas relacionadas con “tenés que decidir en este momento qué es lo que vas a hacer por el resto de tu vida si no querés la mediocridad absoluta”.

¿”Pan para ahora, hambre para mañana”? Me parece que la pifié.

 

Repetición

¿Cuántas veces se puede volver a empezar? Cada intento fallido no hace más que contribuir a la erosión de mi paciencia y de mis anhelos.

Cada iteración es más corta, porque uno aprende a valorar el tiempo, lo más irrecuperable de todo lo irrecuperable.

Aunque todavía la esperanza se niega a abandonar el campo de batalla, aferrándose de lo que puede, la apatía crece y amenaza con ocuparlo todo, con declararse la única ganadora posible y acabar con la performance de una vez por todas.

Quiero creer, pero cuesta. Y vaya que cuesta.